Rumbo a Japón… y ahora?

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Pasajes comprados. Alojamientos pagos y el “checklist” previo completo. Luego de siete meses de preparativos, era momento de encaminarse hacia la aventura de perderse. 18500 kilómetros mas allá, Japón esperaba.

El viaje fue bastante llevadero. bueno, para ser honesto, NO. El viaje hasta Houston fue un desastre! Pero quiero dejarlo claro, eso no se debió a fallas en el servicio de United, ni la turbulencia que nos molestó un poco a la altura de Venezuela (Definitivamente una turbulencia populista), sino por varios “argentinitos“* insufribles que me tocaron cerca. Uno de ellos se quejó TODA LA NOCHE al desperezarse y bostezar como si estuviera en su casa, otro consideró que era “el alma de la fiesta” (?) e hizo payasadas levantando la voz un rato largo y  otro no se cansó de pedír “bret plis, bret” (SIC – Barbarismo de pan). Este, mis amigos, fue el peor de todos. Cenó DOS veces a lo largo del viaje, consideró que era una higiénica idea descalzarse y poner sus pies desnudos en los apoya brazos de otro pasajeros y hablaba solo largos ratos, seguramente con la nariz llena de “maicena”. UN ASCO.

Verdaderamente, no son pocas las veces que siento vergüenza de esos argentinos que se comportan con superioridad a todo tipo de normas y reaccionan airadamente cuando se los llama a decoro. Se que esto que digo NO es una cuestión de países y SI de educación, pero desde ya pido disculpas al mundo por estos especímenes que somos capaces de producir y exportar constantemente.

* (Dícese de aquellos pasajeros que se comportan como si el mundo les perteneciera y se resisten fieramente a obedecer reglas de conducta y buenos modales en donde sea)

Volviendo a lo nuestro, fue realmente bueno haber conseguido un vuelo con solamente una escala en Houston de 4 horas, lo cual sirvió para desayunar, estirar un poco las piernas y relajarse después de sufrir a los citados primates en el vuelo.

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Un dato curioso del Aeropuerto Intercontinental George Bush: A no desesperarse cuando bajamos del avión y caminamos, caminamos y caminamos por enormes pasillos casi siempre vacíos y donde todos parecen saber hacia donde van menos vos. En algún momento desembocarás en el sector de migraciones (ENORME) donde en pocos minutos y si tus papeles están en regla, podrás ingresar al país.

Poco mas que destacar de este lugar, además de que si no estás contento con el asiento que te asignaron en EZE, podes pedirle a casi cualquier personal de United que te emitan una nueva tarjeta de embarque y lo hará sin necesidad de computadoras, simplemente con un simil celular que llevan consigo. Simple y sencillo.

Así entonces, llegamos al embarque para irnos a Japón. El trayecto hasta Tokio, del cual UNITED ofrece una frecuencia diaria,  fue realmente mas largo, las películas que me interesaban ya las había visto y gracias a dios NO HABÍA “Argentinopitecus” a bordo, así que me preparé para dormir y también ser despertado a cualquier hora para comer e ir acostumbrándonos a la diferencia horaria.

Si alguien nos mirara en perspectiva, diría que el avión entero era como un gallinero con butacas donde nos prendían la luz para cenar a las 10 de la mañana. Yo todavía no lo sabia, pero el Jet lag empezaba a hacer de las suyas…

Luego de 14 horas de vuelo, algunas hermosas imágenes de Rusia y varias dosis alimenticias con mucha agua, llegámos a Narita a las 16:00. Las primeras imágenes me mostraron un día de sol radiante, pero como iba a descubrir un rato después, las cosas en Japón cambian muy rápido.

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Hasta la próxima!

 

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